AGPU Omega 3 – Diferencias entre etil-esteres, trigliceridos y fosfolípidos
Los beneficios para la salud derivados del consumo y/o suplementación con ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga (AGPICL omega-3), eicosapentaenoico (C20:5, EPA) y docosahexaenoico (C22:6, DHA), están suficientemente documentados en la literatura médica y nutricional (1-3). Se les atribuye efectos hipotrigliceridémicos, hipocolesterolémicos, antitrombóticos, antinflamatorios (4, 5), reguladores y protectores de la función del sistema nervioso (6), efecto protector del desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, entre otros (7, 8), lo cual ha derivado en numerosas recomendaciones médicas y nutricionales que propician su consumo habitual (9), incluidos la Organización para la Alimentación y Agricultura (10) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), (11). La recomendación es aumentar el consumo de productos del mar, especialmente de pescados grasos (o azules) los que constituyen un buen aporte de AGPICL omega-3, especialmente de EPA y DHA (12). Sin embargo, es conocido el bajo consumo de pescado en numerosos países y la creciente escases de este recurso derivada principalmente de la sobrecaptura, la que en un importante volumen deriva hacia la fabricación de harina y aceite para uso en nutrición animal, incluida la acuicultura (13). La suplementación con aceite de pescado, el que puede contener hasta un 30% de EPA + DHA, no siempre resulta adecuada y aceptable. Si bien el aceite de pescado se puede desodorizar y también reducir su oxidación mediante el uso de antioxidantes, en poco tiempo revierte su olor típico e inicia procesos de oxidación que lo hacen indeseable e incluso su consumo en estado oxidado puede constituir eventualmente un peligro para la salud (14). Además, como su composición está integrada casi exclusivamente por triglicéridos apolares, lo cual lo transforma en un producto que no se puede incorporar directamente a matrices mayoritariamente acuosas, su aplicación como vehículo de suplementación de AGPICL omega-3 es muy limitada.
La industria farmacéutica y nutracéutica ha desarrollado alternativas para mejorar el consumo de aceites marinos (15). Estos aceites se pueden encapsular (cápsulas blandas, muy comunes) (15), microencapsular (16) e incluso nanoencapsular (17). La encapsulación es la forma más habitual y organolépticamente menos compleja para aportar EPA + DHA, pero no es fácilmente aceptada por todos por el tamaño de las cápsulas (contienen hasta 3 gr de aceite), sobre todo por los más pequeños y los más ancianos. La microencapsulación es de relativamente de alto costo, comparada con la encapsulación que es de bajo costo, y no siempre se consigue el desarrollo de un producto adecuado como suplemento (que aporte suficiente cantidad de AGPICL omega-3) y además, bajo ciertas circunstancias, los productos adicionados de microcápsulas terminan presentando el indeseable “olor o sabor a pescado” (18).