La alimentación en el verano.

La alimentación en el verano.



Es en esta estación del año, cuando se sale más a comer fuera de casa, en la playa o en la montaña; y es en esta estación, cuando más aprieta el calor y resulta corriente estar a treinta o más grados durante la mayor parte del día, temperatura a la que cada veinte minutos, se pueden duplicar gran parte de las bacterias que pueden causarnos infecciones, no solo intestinales. Por eso, es importantísimo, que al menos en aquellas situaciones sobre las que podemos operar, tengamos el máximo cuidado, empezando por la conservación en frío de los alimentos que llevamos preparados para comer; afortunadamente hay neveras portátiles, que en la medida de lo posible, al igual que los niños deben estar a la sombra, abriéndolas solo lo necesario para hacer su uso y que de ese modo, se conserven frescas mientras tenemos alimentos que queremos cuidar.

Otra cosa a tener en cuenta, es que no podemos echar una siesta sin taparnos el estómago con algo, aunque sea muy ligero, porque los enzimas digestivos, necesitan unos 37 grados de temperatura, para poder actuar eficazmente, y si una persona que está sudando y muy acalorada, echa una siesta sin taparse, al evaporarse el sudor, el cuerpo se enfría y eso se acentúa si pasa una nube que ensombrece el lugar o se levanta un airecillo que en esa situación va a acentuar el fresco del que está echado y puede ocasionarle un corte de digestión, que incluso cuando no es grave, se va traducir en una diarrea

En cuanto a la elección de qué alimentos llevar, soy partidaria de comer en casa un buen desayuno con huevos, y para la excursión reservar los que aguantan más el calor, como el jamón, lomo, carnes empanadas y conservas de bonito, caballa o sardinas, que se abren allí mismo, y junto con unos tomates frescos y las verduras que más apetezcan para una ensalada, nos ofrecen una comida sana, apetitosa y fresquita a la vez.

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