Cirugía de pterigium primario con autoinjerto, sin sutura y sin adhesivo tisular
Innumerables remedios médicos, consistentes en las más diversas formulaciones, cataplasmas y colirios, así
como descripciones de técnicas quirúrgicas, más o menos rudimentarias, basadas en la extracción del exceso
de proliferación conjuntival han sido documentados a lo largo de la historia. Estas técnicas y remedios se
inician hace ya más de 3.000 años con el precursor de la cirugía hindú, Suhsruta.
Desde entonces, el tratamiento del pterigium ha cambiado poco a lo largo de los siglos y siempre intentando
lidiar con una alta tasa de recidivas. No es hasta hace unos 150 años que las técnicas han comenzado a evolucionar,
favorecidas en parte por la introducción de la anestesia tópica periocular. Es así como aparecen por
una parte, nuevas técnicas que describen plastias de diferentes materiales biológicos (tales como conjuntiva,
membrana amniótica o limboconjuntivales, entre otras) y, por otra, la adición de agentes antiinflamatorios,
antimitóticos e incluso antiangiogénicos, que han sido empleados con este fin con diferentes resultados.
Estudios recientes sugieren que una de las principales causas sería cualquier acción traumática sobre las células
de la conjuntiva limbar, así, la radiación ultravioleta, el traumatismo quirúrgico, la cauterización del lecho
escleral o incluso las propias suturas empleadas en la cirugía del pterigium pueden tener un papel importante
como fuente de estímulo angiogénico y cicatricial debido a su acción proinflamatoria.