OFTALMOLOGÍA (PURO OMEGA )
Protocolo de Puroomega Beps Biopharm
Descripción
Las células de la retina responsables de la visión (conos y bastones) también necesitan un alto contenido de DHA en sus membranas para la transmisión del estímulo visual. El DHA posibilita que la captación de la luz por la rodopsina sea codificada en forma de estímulo eléctrico y, además, permite la rápida inserción de nuevas moléculas de rodopsina en los segmentos externos de la membrana de conos y bastones. El DHA es necesario para la maduración funcional óptima de la retina y el córtex visual. De hecho, la agudeza visual y el desarrollo mental parecen mejorar con un aporte extra de DHA.
Una ingesta diaria mínima de 250 mg de DHA garantiza el correcto mantenimiento de la función visual. Esto se debe a que el DHA oxidado puede ser eficazmente reemplazado por DHA nuevo, contribuyendo al mantenimiento de la estructura de los discos externos de conos y bastones, y preservando así la calidad visual.
Al margen del funcionamiento visual normal, la DMAE (Degeneración Macular Asociada a la Edad) es la principal causa de degeneración visual en adultos mayores de 50 años, motivada por un crecimiento excesivo de los vasos sanguíneos en la mácula ocular, que debido su fragilidad se rompen dañando esta estructura. Los Omega-3 presentan un efecto anti-angiogénico capaz de inhibir el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, contribuyendo de este modo a prevenir la DMAE con una dosis diaria mínima de 1 g de omega-3 (840 mg DHA y 270 mg EPA).
El Ojo Seco es una enfermedad multifactorial de las lágrimas y la superficie ocular que provoca síntomas de incomodidad, alteraciones visuales e inestabilidad de la película lagrimal con posibles daños en la superficie ocular. Las siguientes estructuras pueden verse afectadas en la enfermedad del ojo seco: superficie ocular (córnea, conjuntiva, glándulas lagrimales accesorias), glándulas de Meibomio (glándulas sebáceas específicas del borde del párpado, que producen la película lipídica externa de la película lagrimal), la glándula lagrimal principal y la inervación entre ellas.
Estudios recientes han demostrado que el ojo seco es una enfermedad inflamatoria que tiene muchas características en común con las enfermedades autoinmunes. El estrés de la superficie ocular (factores ambientales, infección, estrés endógeno, antígenos, factores genéticos) se postula como el mecanismo patogénico desencadenante. Las citoquinas proinflamatorias, las quimiocinas y las metaloproteinasas de matriz conducen a la expansión de Linfocitos T Helper autorreactivos que se infiltran en la superficie ocular y la glándula lagrimal, resultando en un círculo vicioso de daños en la superficie ocular e inflamación.
La intervención dietética con ácidos grasos Omega-3 no sólo provoca una mejoría sintomática, sino que también mejora los marcadores clínicos del ojo seco. Un ejemplo es el estudio prospectivo comparativo que incluyó a 66 pacientes que se quejaban de ojo seco típico inespecífico de nueva aparición. Los sujetos se asignaron aleatoriamente a un régimen de suplementación con Omega-3 (1680 mg de EPA y 506 mg de DHA) en formato rTG o placebo durante 2 meses, además del uso de lágrima artificial. La forma rTG se relacionó con la reducción de la inflamación de la superficie ocular, destacando que no sólo se tolera mejor y tiene menos efectos secundarios gastrointestinales, sino que también se absorbe mejor que la forma EE.
Referencias:
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